El trabajo de un agente inmobiliario puede ser tanto fácil de describir, como complicado. A pesar de lo contradictorio que esto puede resultar, se debe a la naturaleza de la cultura de los bienes raíces en los países de habla hispana en comparación con otras partes del mundo.

De esta forma, tenemos que los términos agente inmobiliario y agente de bienes raíces, suelen ser utilizados de manera intercambiable, sin mayor distinción, mientras que en inglés se encuentran al menos tres términos distintos, uno de los cuales, “Realtor”, está completamente basado en la subscripción a una asociación específica.

De manera general, un agente inmobiliario es una persona que se dedica a organizar la compra, venta o renta de bienes inmuebles, entre los que pueden encontrarse edificios, casas, oficinas, tierras, locales, entre otros.

Experiencia y confianza

Debido a que el negocio de los bienes raíces depende en gran medida de la zona en que se encuentre el inmueble, también está sujeto a leyes y regulaciones locales específicas. Debido a esto, la mayor parte de las tendencias inmobiliarias están relacionadas con el área en que la propiedad se ubica, por lo que el agente debe fungir como experto, especialmente en las áreas legales y económicas locales.

En la medida de lo posible, el agente debe estar al tanto de las tendencias relacionadas con la economía local, impuestos, regulaciones y servicios. En algunos casos, las agencias requieren legalmente que el agente sea directo sobre cualquier aspecto que pueda afectar en cualquier forma o medida al cliente. La confianza del cliente en una prioridad en este tipo de negocios puesto que estas relaciones se consideran de largo plazo, ya sea que el cliente desee hacer uso de la agencia en un futuro para rentar, vender, traspasar el inmueble o comprar otro, o como recomendación para algún familiar o amigo en dicha situación.